domingo, 2 de noviembre de 2014

Los 6 Elementos (1)

CAPITULO 1
EL DESPERTAR

---------------------------------------------------------------------------------------
Era un día cualquiera de instituto, nos encontrábamos en el mismo lugar del patio de siempre, al lado de un árbol que nos daba asombra en los día de sol, al lado de la puerta. Estábamos hablando de las clases, y de que teníamos ganas de acabar, a solo unas semanas de terminar y no parecía que quedasen meses aún.
Sandra y Ailén hablaban de irse de vacaciones mientras que yo estaba escuchado una canción que me había pasado Ailén en clase de música. Me encontraba tumbado encima de un pequeño muro que había al lado del árbol, no ere muy alto, unos treinta centímetros como mucho. Al terminar de escuchar la canción me quité los cascos, mire a Ailen y le dije lo que me gustaba la canción.
-   Te dije que te iba a gustar – me contestó sonriendo.– también me gusta la canción de “wake up” de Hilary Duff.
-   Es cierto, no para de cantarla – dijo Sandra riéndose. – además la canta igual que ella. Es verdad nunca la oíste cantar.
Nunca la había escuchado cantar, la verdad es que nunca surgió. Tampoco es que tuviera que saber cómo canta nada más conocerla en su día, no es algo que tengas que saber si no surge. Pasados unos minutos hablando de música, apareció Eva, la habíamos conocido ese mismo curso y desde entonces éramos todos grandes amigos, a su lado se encontraba Patricia, también iba con nosotros a clase, pero no nos caía muy bien ya que no paraba de criticarnos a las espaldas. Ailén corrió a darle un abrazo a Eva, y le preguntó el por qué de que Patricia estuviera a su lado en bajo para que ella no la oyera. Según Eva, estaba con ella por que se había peleado con Andrea, una de sus mejores amigas hasta la fecha. Y que no tenía a nadie con quien pasar la tarde. Ailén no estaba muy cómoda con su presencia y se sentó a mi lado. Sandra se puso a hablar con Eva y con Patricia.
-   ¿no me lo puedo creer? – dijo Ailén por lo bajo.
-   ¿Qué pasa Ailén? – le pregunté.
-   Nada, nada, Diego, ¿podríamos ir a dar una vuelta, es que ahora mismo no me apetece estar aquí?
Asentí, y me levante, Ella también se levantó y se fu a despedirse de ellas. Yo me despedí con la mano y nos fuimos en dirección a l parte de atrás del instituto. Estuvimos hablando todo el recreo. Al sonar el timbre, no le hicimos caso y decidimos saltar la valla para marcharnos, ya que no teníamos clase, el profesor de religión no daba clase, y después las dos últimas horas era Francés y el profesor estaba de intercambio y no tendríamos clase hasta la semana que viene.
-   Deberías darle una oportunidad a patricia, ya sé que es muy dada a criticar a todo el mundo. Igual solo intenta llamar la atención – le dije caminando y mirando como todos los demás se dirigían a sus clases.
-   Ya le di muchas oportunidades en su día. – me contesto mirando al suelo. – y me canse de dale oportunidades. 
-   Y por qué no haces una cosa, cuando esté con nosotros o se acople, pasas de ella, tú hablas con migo, y listo.
Tras un largo rato en silencio, Ailén me dijo que lo intentaría pero que no prometía nada. Es difícil soportar a alguien que solo intenta derrumbarte, y lo sé por propia experiencia. Cuando te ven rodeado de chicas solo saben definirte como tal e insultarte por ello. Pero bueno, yo soy fuerte y conseguí superarlo. Estuvimos hablando y riéndonos todo el tiempo, hasta la hora de comer, nos encontrábamos en el parque que había cerca del instituto. Nos encontramos con Sandra y Eva, y nos preguntaron dónde nos habíamos metido todo este tiempo. Sandra, no se creía que estuviéramos hablando todo el rato y nos decía que estábamos “intimando”.
-   ¡Sandra! No somos novios, solo amigos – le contesto Ailén.
-   ¿Qué te hace pensar que estábamos besándonos, y abrazándonos? ¿qué es que dos amigos no pueden hablar sin que signifique algo? – les dije sin creerme lo que nos estaban diciendo.
-   Hombre, no es eso, pero da que pensar. – Contesto Eva.
-   Pues no. – les contestó Ailén.
Después de todo este embrollo, Eva nos comento que habían quedado de tarde con Patricia y que si íbamos a ir. Ailén me miro y yo les contesté que iríamos. Sandra  y Eva se fueron, cuando ya no podían vernos, Ailén me pega un codazo.
-   ¿por qué dijiste que iríamos? Yo no quiero ver a esa idiota – me dijo Ailén, con enfado.
-   No te pongas así, ¿qué prefieres quedarte en casa sola? además, hace tiempo que no quedamos todos por la tarde. Así que tú y yo quedamos media hora antes, te voy a picar yo para que no escapes en el último momento. – le dije cogiendo la mochila. – bueno yo marcho que estoy muerto de hambre, te veo luego.
Me aleje acelerando el paso para llegar pronto a casa. Tenía que comer y ducharme antes de ir a picarla. Debía darme prisa. Soy una persona muy puntual, me gusta llegar pronto a todos los sitios, aunque tenga que espera por los que llegan tarde, no me gusta nada llegar tarde, y tampoco que lleguen tarde.
Al llegar a casa, deje las cosas en la habitación, anuncié mi llegada, pero nadie respondió. Eso significaba que no estaban en casa, como de costumbre. Fue en dirección a la  cocina, mire la mesa del salón y vi una nota, me acerque para cogerla y la leí, era de mi madre, decía que tenía que irse pronto, ya que el vuelo lo tenían a la tres de la tarde. Y si no, no le daría tiempo. También me decía que tenía lasaña en el horno, que me sirviera todo lo que quisiera. La lasaña es mi plato preferido, por lo que fui corriendo a la cocina y me puse bastante en un plato. Al acabar, cogí una toalla y me fui directo a la ducha. Eran las tres y media, cogí mi ipod y lo puse en los altavoces que mi padre había instalado y adaptado para poder conectar el móvil, el ipod, y escuchar música mientras te duchas. Busque mi lista de reproducción favorita, y le di al play, abrí el grifo de la ducha, me desnudé, y me metí dentro. Cuando salí de la ducha, miré, el reloj eran las cuatro, así que me tuve que vestir a prisa y salir corriendo de casa para no llegar tarde. Llegue a casa de Ailén derrotado, una señora que Salía en ese mismo momento se asusto, y pensó que le quería robar el bolso, y salió corriendo. Yo me quede mirándola desde el portal con cara de sorpresa. Cuando ya había recuperado el aliento, pique al timbre, al poco rato sonó el micro y hablo Ailén, me abrió la puerta y subí. Al entrar salude, la madre estaba en el salón, me preguntó como estaba, le conteste, y acto seguido apareció Ailén detrás mía, y me dijo que fuera a su cuarto, que estaba al ordenador. Estuvimos escuchando música todo el tiempo hasta que llego la hora de irnos.
Al llegar a casa de Sandra, vimos que ya estaban en el banco todas, hablando, cuando nos vieron nos saludaron.
-   Por fin. – dijo Eva – estábamos a punto de jugar a un juego. 
-   ¿A qué juego? – preguntó Ailén.
-   El juego trata de escribir en varios papeles “pregunta” o “prueba” y depende de que te toque debes hacer o responder a lo que los demás digan.
Nos parecía divertido así que empezamos a preparar los papeles y nos pusimos a jugar, nos reímos un buen rato. Era el turno de Ailén, cogió un papel y le toco “prueba”, empezaron a preguntarse que podían decir para que hiciera, yo decidí no ir y estar con Ailén entreteniéndole mientras tanto. Cuando terminaron, le dijeron que debería ir a la casa abandonada de enfrente y coger un libro cualquiera. Ella aterrada dijo que no, que no se atrevía a entrar sola allí, así que les dije a las demás que si podían cambiar la prueba, todas dijeron que no. Patricia salto de fondo diciendo que si no podía ir que se llevara a alguien con ella. Ailén no sabía que decir, le veía en la cara que no quería entrar allí. Así que le dije que iría con ella, aunque eso implicara entrar en un lugar que a todos nos daba miedo, ya que nos contaron que allí en su día vivió una anciana, pero no una anciana cualquiera, decían que era un bruja, que todo el que entraba no saldría jamás de allí. Aunque no nos lo creyéramos no podíamos dejar de pensar de que ese sitio tenía algo raro, que nos producía mucho pánico el simple hecho de pasar a su lado.
Nos encontrábamos justo en la puerta del la casa, Miramos para atrás para mirar a estas, y entramos. Una vez dentro, estaba todo oscuro, así que saque el móvil y puse la linterna, las paredes estaban llenas de manchas de humedad, algunas de ellas estaban derruidas por el paso del tiempo y otras con grafitos, en frente se encontraban las escaleras al piso de arriba, a la derecha había el hueco de lo que en su día, era el salón, a la izquierda estaba la cocina. Decidimos subir al piso de arriba ya que ahí, no había ninguna estantería o libro para coger. Subimos con cuidado dando que podan romperse los escalones y caer alguno de los dos. En el piso de arribo, se encontraba un pasillo enorme en ambas direcciones, Ailén, me cogió del brazo asustado. A la derecha se oyó un ruido, miramos rápidamente para allí, y observamos que era un gato que había tirado un libro. Justo lo que necesitábamos, Me acerque corriendo a él y lo cogí, me volví a donde Ailén y lo abrí, pasamos las paginas pero no entendíamos nada. Era símbolos extraños que nunca habíamos visto.
-   ¿pero qué? – dije sorprendido. 
-   Igual está en chino o japonés, o en alguna de esos idiomas que usan los símbolos.
-   Seguramente, porque esto no me los explico. – pasamos las paginas y nos detuvimos en un, está estaba escrita a mano. -  “Tōzen no darekaga owari o hiraku to, doa ga shimatte iru koto o toru koto wa arimasen”.
Cuando termine de leer la frase, el libro se me cayó de las manos, y rodó por las escaleras, hasta llegar abajo, fuimos a por él. Ailén se agacho para cogerlo, y cuando le dio la vuelta el libro se había quedado en una página donde se encontraba una puerta entre abierta entre un monto de escombros, como si fuera lo único que quedaré de una demolición, en ella se podía ver una estrella de cinco puntas y en cada una de ellas un símbolo de diferentes colores. Detrás de la puerta se veía un paisaje totalmente distinto al de alrededor de la puerta. Era un lugar verde, puro, difícil de describir, parecía el paraíso.
Oímos otro ruido, este mas fuerte, así que preferimos coger el libro y salir corriendo. No teníamos intención de averiguar de dónde procedía.
Ya fuera estaba todas esperándonos con caras de aburridas. Le entregamos el libro y nos dijeron que por que habíamos tardado tanto. Nos miramos los dos sin saber por qué dijeron eso, si solo habíamos tardado cinco minutos.
-   ¿cinco minutos? – dijo Sandra – lleváis ahí más que cinco minutos, lleváis tanto que ya es hora de irnos a casa.
No podíamos creer lo que nos estaba diciendo, mira al cielo, y vi que ya no era tan de día como cuando entramos. Cogí rápidamente el reloj y vi que eran casi las nueve. No entendíamos como podíamos haber estado allí tanto tiempo si solo recordábamos haber estado ahí un rato corto. Nos despedimos todos, y nos fuimos a casa, durante todo el camino me preguntaba el por qué de haber estado allí tanto tiempo y solo tener constancia de unos pocos minutos. No lo entendía, igual se nos había pasado la tarde jugando y cuando entramos en la casa ya era tarde solo que no nos dimos cuenta. Pero tampoco conseguía resolver la duda de por qué tanto tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario