CAPITULO 2
SOÑADOR
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No había conseguido pegar ojo en toda la noche, eran las tres de la mañana. Tenía calo, mucho calor, sentía como me quemaba el brazo, como si se me hubiese caído el café ardiendo, llegando al punto de gritar de dolor. me levanté, miré el brazo, no veía nada. Fui al baño a refrescarme y de paso a meter el brazo debajo del agua. Al sacar el brazo del agua observé que tenía el brazo rojo, era como un círculo rojo con un punto. Le eche la culpa a algún mosquito, ya que días atrás había salido en las noticias una noticia que decía que los mosquitos tigres se encontraban en la parte norte de España. Así que no le di más importancia. Cuando se me pasó el dolor, me volví para la cama para intentar dormir algo, esta vez ya no me costó tanto dormir. Estaba agotado y no me costó nada.
Me despierte, hacia mucho sol. Estaba en mi cuarto o en parte de ella ya que no había paredes. Mi cuarto se encontraba en un descampado. Me acerque a mi mesita y cogí el despertador. Eran las cinco de la mañana. Pero estaba claro que allí no eran las cinco. Me levante y salí de la cama. Cerca pude divisar un río, y al otro lado unas ruinas, en ellas pude observar una estructura alta, que había sobrevivido al resto de lo que fue es su día una estructura de piedra. Me acerque al río y busque una forma de pasarlo, un tronco o algo por el estilo, al volver la mirada al río, de la nada apareció un puente de cristal, no podía creerlo, ¿cuando había aparecido ese puente? no podía creerlo. Después de haberme pasado como cinco minutos mirando atontado para él, decidí cruzar el río. Pero con mucho cuidado porque tenía miedo de que se rompiera y me cayera al río. Desde arriba el río estaba tranquilo casi no se movía. Era cristalino casi parecía un espejo. Podía ver los peces como nadaban. Una vez cruzado el puente me gire y vi como el puente se convertía en polvo de cristal y salía volando. De algún modo ver esa escena me recordó lo frágil que son las cosas y que tarde o temprano se rompen incluidos nosotros. Dejando atrás el río de fui acercando a las ruinas, en el suelo se dibujaba lo que en su día fue un camino con cristales de colores, era un mosaico, pude apreciar algunos dibujos, hombre que ofrecían alimentos a unos individuos sentados en unos tronos y estos dándole a cambio las gracias. Al llegar a las ruinas. Se podía ver que se trataba de una antigua biblioteca bastante grande. Por el suelo había libros viejos desgastados por el paso de los años, piedras de lo que antes había sido paredes. Me adentre dentro de las ruinas. Me encamine al lugar donde se encontraba la estructura que había visto. Era una puerta con marco de madera y formas en la parte superior. Me sonaba la puerta de algo, sentía que ya había estado aquí, rodee la puerta y me puse al otro lado, la puerta estaba cerrada, la abrí. Podía observar a través de ella el camino que había recorrido para llegar hasta allí. En la puerta observe que había unos símbolos. Sorprendido me di cuenta de que esa puerta era la que había visto Ailén y yo en aquel libro que habíamos cogido en aquella casa. Acerque la mano a los símbolos y los toqué. Me mi mano emanó una luz cegadora que después se transformó en oscuridad. Cuando recupere la vista del deslumbramiento ya no me en o traba en las ruinas. Me encontraba en un pasillo largo de piedra con unos grandes ventanales de estilo gótico, al final de pasillo una puesta enorme, me acerque a ella, estaba abierta, dentro se encontraban cuatro hombres con túnicas negras alrededor de un altar de piedra un cuerpo desnudo encima. Era un hombre por lo que pude ver desde detrás de la puerta. Los hombres hablaban a sus alrededor. No los entendía. Decían algo de un sitio llamado Lucifer. Y de que solo los Hogo-sha puede salvarlos. Me acerque un poco, y me puse cerca pero no tanto para que no se percataran de mi y poder escuchar más.
- Es imposible - dijo el hombre que se encontraba a la izquierda del grupo. - la puerta está cerrada, y es imposible abrirla.
- A no ser que... - le contestó el hombre que se encontraba a su derecha.
- Lo sé, a no ser que un verdadero Hogo-sha abra la puerta. - le contesto, con frustración. - pero la puerta está cerrada, y ya no existen linajes de los Hogo-sha. Nadie ha conseguido abrir la puerta.ham pasado casi mil años y no ha aparecido ninguno.
- Te equivocas Lion. - le respondió con un tono sarcástico en la voz. - ya la han abierto.
Toda la sala enmudeció, no se oía nada. De repente los hombres se giran hacia mí, y me miran, sus ojos eran diferentes, cada hombre los tenia de un color. Sus ojos eran Rojos, verdes, azules, marrones, blancos, negros, estos últimos eran como un aro blanco y en su interior oscuridad.
Se acerco hacia mí el de ojos negros, se puso delante de mí, me miró fijamente. No podía moverme, había algo en sus ojos que me impedía mirar hacia otro lugar. Me agarro del brazo en el que tenía la picadura, y me apretó fuerte, cada vez me dolía más, empecé a sentir mucho calor en el brazo, hasta el punto de gritar, porque parecía que me estuviera quemando. Se soltó, y se unió a los demás. Baje la mirada y mire el brazo, en él vi un dibujo, un aro blanco, dentro uno negro y en el centro un punto blanco. Al levantar la mirada, los hombres de túnica ya no estaban, en cambio, la mesa con el hombre seguía allí. Me hacer que a ella. Era un hombre joven, de mi edad más o menos. Pelo largo, y oscuro. En el pecho tenía un corte de un lado a otro, y de él emanaba, una sustancia que se evaporaba de color verde claro, bríllate. De pronto del techo salió un haz de luz de color azul oscuro que se poso en su cuerpo, veía como la herida de su cuerpo desaparecía poco a poco, hasta desaparecer por completo. Acto seguido el altar que lo sostenía desapareció y surgió del suelo otro haz de luz azul, pero esta vez mas claro que el otro. Los haz de luz levantaron el cuerpo, y lo puso recto a unos cuantos metros del suelo. Se encontraba con los brazos medio abiertos, con la cabeza hacia atrás. Parecía que el haz entraba en el cuerpo por los pies y salía por la cabeza, como si los estuviera limpiando o purificando. De su espalda salen dos haces de energía de colores azules y naranjas. Que se transforman en dos alas de color blanco luminoso, con betas de colores azules y naranjas brillantes que lo envuelve y lo encierran en una bola, y que desaparece en un estallido de colores, y que sonaba como cuando se rompe un cristal que cae al suelo.
Me desperté de golpe, asustado y empapado en sudor. Solo era un sueño.
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